Erase una vez un reino pequeñito situado en un extremo de Europa. El país, hace muchos años, tenía un pueblo libre. Un pueblo bueno y trabajador preocupado por las cosas que pasaban. Podían elegir a sus jefes, a todos.
Pero un día llegó un enano malvado, lleno de odio, envidia y rabia, que decidió que mataría a todos los que no fueran sus amigos e hicieran lo que él decía.
Y así, el país vivió más de 40 años sumido en la oscuridad y la represión, atemorizados por el enano cabrón tirano y sus secuaces.
Al morir, el enano se encargó de dejar a un sucesor para que gobernara el pueblo. El sucesor, lejos de otorgar al pueblo lo que le correspondía, se proclamó monarca absoluto y no devolvió al pueblo su ansiada libertad de la que gozaba antes de llegar el enano.
El sucesor contentó al pueblo con semi-libertades y semi-democracia y el pueblo calló, por temor a que volviera otro enano a castigarles.

Ahora, 79 años después, el cuento no ha acabado, no hay colorín colorado. Ni hemos comido perdices ni seremos felices hasta que lo que nos fue arrebatado se nos devuelva.
Señoras y señores, la monarquía no se puede modernizar más, es una institución arcaica. Todo lo que sea modernizar la monarquía se llama República. Que no lo enmascaren con que las mujeres (las hijas de reyes) también puedan ser reinas, eso no es ser moderno. Que no nos engañen, la monarquía ya no implica la estabilidad, ya no. No me valen los argumentos de mi abuela de “¡Ay qué mona es Leonor!” Me da igual que sean monos o chimpancés, los Borbones (por no ser) no son ni españoles.
Esta es la causa que tiene que unir a nuestra generación. Yo quiero que cualquier persona que nazca en este país pueda ser Jefe de Estado. Tenemos derecho a ello. Nos lo deben. Eso es democracia y lo demás porquerías.
Salud y República












